2/14/2016

"El caso del Sodalicio no puede quedar impune, ni penal, ni moralmente" por Ronald Gamarra

El Comité de los Derechos del Niño de la ONU, en sus recientes observaciones finales al Estado peruano le ha recomendado, en relación a las denuncias sobre abuso sexual cometidos por el clero de la iglesia católica: "Asegurar la investigación y el procesamiento eficaz de todos los casos de abusos sexuales presuntamente cometidos por el clero de la Iglesia Católica. Los condenados deben ser castigados de manera adecuada y las víctimas indemnizadas y rehabilitadas".

Ronald Gamarra en su artículo de opinión del viernes 12 publicado en Hildebrandt en sus trece, escribe sobre estos temas y nos recuerda que:

En medio de la campaña electoral, y a medida que esta va entrando en calor y miseria, el Sodalitium Christianae Vitae, secta comúnmente conocida como el Sodalicio, aprovecha para pasar piola con respecto a las gravísimas acusaciones que pesan sobre sus principales directivos, y muy particularmente sobre sus fundador, Luis Fernando Figari, relacionadas con una sistemática aplicaicón de abusos morales y físicos, incluyendo numerosas denuncias de abuso sexual, en agravio de jóvenes y menores de edad que ellos captaban para sus filas. Pasan soplados, pues. Solapas, inadvertidos, desaparecibidos, disimulados, camuflados.

Las denuncias vienen de hace muchos años, por lo menos 15 años, desde que José Enrique Escardó se atrevió a escribir en una revista sobre los abusos físicos y morales que él sufrió durante el tiempo en que intentó alcanzar la santidad, seducido por la prédica engañosa del Sodalicio. 

El libro de Pedro Salinas  tuvo un importante impacto que,  en cualquier país republicano, democrático y laico, hubiese llevado rápidamente a una reacción unánime de la opinión pública y a medidas decididas por parte de las autoridades. Pero no ha sido el caso. Después de una reacción inicial de estupor, el asunto ha ido enfriándose y relegándose con la inercia cómplice de las autoridades. Sólo la persistencia ejemplar de Pedro Salinas impide que el caso pase definitivamente a la nevera, como quisieran los dirigentes del Sodalicio y quienes les sirven de secuaces.

Se les está permitiendo al Sodalicio acomodar las cosas del modo más conveniente  a su estrategia de defensa, cuyo objetivo es lograr que todo quede en nada. Mantienen a su máximo líder y fundador en un retiro dorado, en Roma,  lejos de toda posibilidad de ser alcanzado por la justicia peruana. Han nombrado una "Comisión investigadora" a su gusto,  formada por amigotes suyos, camuflados en una mera casilla postal, que  hasta el momento, según sabemos, no investiga nada ni busca a víctima alguna, ni lo hará, como es de prever. Se mueven y se aseguran la protección de los jerarcas de la iglesia católica en Lima y en Roma para que nada se aclare, como ocurre con los casos que las víctimas presentaron ante el tribunal eclesiástico que depende del cardenal Cipriani (por lo pronto, de forma oficial, el Arzobispo se ha negado a entregar información).

Pero las autoridades tampoco han hecho nada que valga la pena. Las investigaciones de la fiscalía prácticamente no han avanzado, y debería darles vergüenza que, teniendo los medios y el poder, no puedan averiguar ni avanzar un milímetro más de lo que un par de periodistas decididos, como Salinas y Ugaz, lograron. Por su parte, el gobierno no dijo esta boca es mía en relación con este gravísimo caso, no se pronunció ninguno  de sus integrantes, ni sobre la conducta denunciada de los directivos del sodalicio, ni para ofrecer solidaridad y comprensión a las víctimas. Parecen autoridades de un estado confesional, sometido a la cucufatería y la mojigatería.

Lo peor es que el ministerio de Educación ni siquiera se ha interesado por la suerte de los niños y adolescentes que estudian en los centros educativos pertenecientes al sodalicio. ¿Cómo es posible que una institución como esta, cuestionada por abusos tan graves que incluyen el abuso sexual de jóvenes y menores, siga teniendo licencia para impartir educación, administrar y fundar centros educativos? Repito: en cualquier país donde los ciudadanos verdaderamente importen y donde las autoridades públicas son responsables ante los ciudadanos, la licencia del Sodalicio para educar ya estaría, por lo menos, suspendida. Pero aqui no pasa absolutamente nada.

No podemos ser tan indolentes y frívolos, y dejarnos llevar por las pasiones pasajeras del momento, olvidando las cosas esenciales. El caso del Sodalicio no puede quedar impune, ni penal, ni moralmente. Deben pagar por lo que hicieron quienes cometieron delitos, y la institución como tal debe reparar el daño físico, moral y psicológico causado a las víctimas de por vida. Por citar sólo un caso, hace algunas semanas, en la provincia de Québec, en Canadá, la orden católica de los Clérigos de San Viateur ha sido sentenciada a pagar una indemnización de 20 millones de dólares por el abuso sexual de niños con discapacidad auditiva cometido entre los años de 1940 y 1982. Los quebequenses son católicos, pero no toleran la pederastia religiosa. Aprendamos ese ejemplo de justicia y democracia y dejemos de actuar como tímidos monaguillos (Ronald Gamarra).





Artículo de Ronald Gamarra Herrera publicado en Hildebrandt en sus trece el viernes 12 de febrero de 2016.
Fuente Hildebrandt: http://hildebrandtensustrece.com/

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