2/08/2016

Spotlight: Develando los crímenes sexuales contra niños encubiertos por la Iglesia Católica

Por Teresa Carpio V.
Save the Children.

600 casos de violaciones sexuales, 249 religiosos involucrados, 1,000 sobrevivientes a los abusos sexuales cometidos por sacerdotes de diferentes Parroquias Católicas en Boston, es lo que descubrió una investigación del periódico Boston Globe publicada en el año 2002. La investigación cubrió los últimos 15 años antes de la publicación, pero encontraron que un sacerdote había violado a 130 niños a lo largo de 40 años. Esta investigación ha sido excelentemente llevada al cine.

Spotlight nos muestra un sistemático e institucionalizado encubrimiento de los crímenes cometido contra niños y niñas por las principales autoridades de la Iglesia Católica de Boston, incluido su Cardenal Bernad Law, quien vive actualmente en Roma.

La sistematicidad del encubrimiento incluía la protección del violador mediante su cambio a otra Parroquia, cuando se hacían públicas las denuncias. Los códigos en los registros internos de la Iglesia incluían casi generalmente cambios “por enfermedad”. Al sacerdote que denunciaba lo transferían a una Iglesia del tercer mundo. El Cardenal Bernad Law  producido el escándalo, fue transferido a una Basílica en Roma.

¿Les suena familiar? Las similitudes con el caso peruano: Luis Fernando Figari fundador y líder del movimiento católico Sodalicio renunció por “razones de salud” en diciembre 2010 y vive en Roma en  un “retiro espiritual”.  Figari se vió obligado a renunciar luego que se conociera públicamente que el #2 del Sodalicio tenía 4 denuncias por violaciones sexuales cometidas contra adolescentes. Nuevos testimonios sobre abusos sexuales a menores de edad apuntaron, esta vez, directamente a Figari.  Toda esta información está perfectamente investigada y documentada en el libro Mitad Monjes, Mitad Soldados de Pedro Salinas y Paola Ugaz, publicada en Lima, en el año 2015. 

En ambos casos la Iglesia Católica no mostró simpatía, solidaridad ni prestó atención y protección a las víctimas; sabiendo que éstas, como dice uno de los denunciantes en la película Spotlight no se atreverían a cuestionar a sus maestros y guías: “cómo le dices no a tu dios”. Les robaron su fé, en lo que creían y confiaban. Los sacerdotes escogían a los adolescentes más vulnerables, en el primer caso a los más pobres; en el segundo, a los que tenían problemas familiares. 

Ninguna de estas violaciones hubiera pasado desapercibida si la Iglesia Católica, como institución, hubiera puesto por delante el interés superior del niño; si los abogados, fiscales y jueces hubieran cumplido con la ley y no hubieran escogido proteger a las instituciones parte del sistema político y poner su ideología y religión por delante.

El Comité de Derechos del Niño de las Naciones Unidas, en el año 2014, censuró a la Santa Sede “por no adoptar medidas para acabar con las violaciones sexuales a menores” y contribuir a la impunidad de los perpetradores. El Papa Francisco ha pedido perdón a las víctimas “por el mal que algunos sacerdotes han hecho a los niños”. No es suficiente. Debe empezar por devolver a los violadores refugiados en Roma para que sean investigados y sancionados; desarrollar un Protocolo Institucional de Protección de niños  y denunciar a los violadores poniéndolos en manos de la justicia; informar a los niños y niñas católicos que nadie está por encima de la ley y que nadie debe tocarlos bajo el pretexto que representan a un dios. Esa sería una buena señal.

Teresa Carpio V. 
Asesora Regional LAC, Save the Children

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